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La Coctelera

miguelmadrid

18 Abril 2009

El espíritu de la golosina canta

Unos 30 años, cara castigada por la viruela, barba de 5 ó 6 días y menos carne que el espíritu de la golosina. Vaqueros desgastados, camiseta de las de mercadillo, chaqueta de chandal y gorra de las de publicidad. Irrumpe en el vagón por sorpresa: "Buenas noches, acabo de quedarme en el paro y no tengo para comer. Si alguien quiere ayudarme con unas monedas o un bocadillo se lo agradecería".

Otro más. Día sí y día también aparecen en el cercanías contando la misma cantinela. Levanto con indiferencia la mirada del libro y descubro con sorpresa que esta vez lleva una guitarra entre las manos. Esto promete.

Empieza a tocar repitiendo machaconamente los mismos acordes, y anuncia: "Voy a ver si les puedo alegrar un poco el trayecto con una canción. Espero no molestarles". El comienzo no es muy prometedor, de su boca sólo salen dos letras: "Pa pa pa pa pa pa pa...". Este no sale por la puerta grande.

De repente comienza con la letra: "Tol mundo va del cuento de yo me lo pago, yo me lo invento y me parese cosa de carajote. Cosa de carajote y por eso he desidio yo quitarme las migas del bigote...". Recorre el vagón de lado a lado para que todos puedan escucharle: "Vino Papá Noel la noche de Noche Buena y me dejo un regalito junto a la candela. Y cuando yo lo ví enseguia lo abrí y ví que era una planta de yerbagüena".

La verdad es que tiene menos voz que un grillo pero el tío le echa ganas y al menos acierta con la entonación; seguro que los Delinquentes no se lo tendrán en cuenta: "Tu solo quieres quererme cuando tu quieras, cuando hueles los naranjos y la sangre se te altera... ". La megafonía anuncia la siguiente estación, es hora de acabar: "Tú solo quieres quererme en primavera, pero yo no soy Pinocho que el corazon tiene de madera".

Aporrea unos segundos más la guitarra y se despide con estas palabras: "Y ahora viene lo mejor de la canción: es cuando me quito la gorra a ver si cae alguna moneda, y si no queréis echar dinero por lo menos regalarme una sonrisa que de esas me caben muchas".

Mira conmigo el tío acertó. Hoy sí se lo ha ganado. Rebusco entre mis bolsillos algo de calderilla y se la echo en la gorra cuando pasa a mi lado. "¡Gracias caballero!". Recorre de nuevo el vagón y comprueba que aún le falta mucho por mejorar, la gente no se estira. En su gorra quedan poco más de dos euros y sólo cuatro o cinco sonrisa. Se despide con un sonoro "Buenas noches señores", abre la puerta que comunica los vagones y se marcha a dar el siguiente concierto.

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